¿La Inquisición mató a miles de indígenas y supuestas brujas en el Perú?

Muchos de los mitos más comunes sobre la Iglesia Católica, ayudados en su difusión por panfletos, series y películas, es que mató a miles de indígenas en el Perú y desplegó una masiva cacería de brujas.

Pero las investigaciones históricas más serias han comprobado la falsedad de estas historias.

Así, según los registros oficiales del Museo del Congreso y de la Inquisición de Lima, Perú, en los 251 años que funcionó el Santo Oficio en este virreinato se juzgó a 1477 personas, de las cuales solo 32 fueron condenados a muerte, la mitad de ellos por la hoguera y la otra mitad por garrote.

Más del 84% de los procesados, vale precisar, fueron hombres.

Y no, no juzgaba a indígenas. Dice así el Museo del Congreso y de la Inquisición en su sección de preguntas frecuentes: “Por disposición del Rey Felipe II los indígenas estuvieron exceptuados del fuero inquisitorial. La acción del Tribunal sólo comprendía a las minorías blanca, mestiza o negra”.

La tortura

¿Por qué la Inquisición usaba como métodos de tortura para los acusados? Lo explica en simple el museo peruano: “Porque todos los tribunales del mundo de su época los usaban”.

Sin embargo, hace una importante precisión: “la Inquisición fue más benigna en su empleo que los tribunales civiles porque, a diferencia de aquellos, solo en casos excepcionales la autorizaba, el tiempo de duración máxima del tormento era una hora y cuarto, estaba prohibido producir derramamiento de sangre o la mutilación de algún miembro y el médico junto con los propios inquisidores supervisaban su aplicación”.

Las brujas

Destaca el Museo del Congreso y de la Inquisición: “En cuanto al trato proporcionado a las brujas la Inquisición resultó sorprendentemente benigna para su época. Mientras en los países protestantes se cuentan por decenas y aún cientos de miles las víctimas de la caza de brujas que terminaron sus días en la hoguera, el Tribunal consideraba que se trataba de un delito debido a la ignorancia de las gentes y que no tenía más realidad que la que sus mentes le asignaban y la viveza de algunas personas que ganaban dinero aprovechándose de la credulidad ajena”.

“Por otro lado, los brebajes utilizados por las brujas, entre ellos sustancias venenosas, representaban un peligro para la salud pública. A las personas culpables se les sentenciaba a recibir una cantidad variable de azotes que fluctuaba entre los 50 y los 200. Se podía añadir, dependiendo de la gravedad de los hechos, el destierro por tiempo determinado, la prestación de servicios en hospitales y presidios, el pago de alguna multa e, inclusive, la confiscación de sus bienes”.

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